La autora de este texto, Silvia Romero, ha sido guía de viajes de aventura en Cuba, Irán, Namibia, Botswana, Indonesia, Mongolia, Zimbabwe y Marruecos. Cada año organiza una expedición irrepetible con un grupo reducido a un punto distinto del planeta, a través de www.afriendinthecity.com una empresa que creó ella misma hace 7 años para mostrar nuestro país a los extranjeros  de una forma diferente


LOS HIMBA.

Cuando pensamos en tribus primitivas rápidamente se nos viene a la mente el África más profundo, son miles de tribus las que allí habitan, pero hoy vengo a hablaros de una de las más fotografiadas en todo el continente: la tribu africana de los Himba.

La palabra Himba, significa “mendigo” y hace alusión a su condición de semi-nómadas. Los Himba son conocidos como “tribu roja”, y es que la particularidad de este grupo étnico radica precisamente en su apariencia. Viven en una de las zonas más áridas del planeta, junto al desierto de Namibia. Por tanto, tienen escaso acceso al agua, y prescinden de usarla para el aseo. Esto significa que han tenido que crear otras formas de asearse, y lo hacen mediante humo y ungüentos.

Para asearse toman unas ramas de hierbas aromáticas y las prenden con el fuego sagrado, colocándolas entre sus piernas de forma que el humo les recorra el cuerpo y les deje impregnado el aroma, continúan el ritual untándose todo el cuerpo con grasa animal, polvo ocre y resinas, esto es precisamente lo que da a sus pieles el tono rojizo, y un rico olor, lo hacen cada día. También untan su pelo adornado con rastas. Este ungüento no sólo les mantiene libres de malos olores, sino también de mosquitos y les protege del sol.

El fuego es efectivamente el eje central de sus poblados, se distribuyen en pequeñas aldeas familiares con un fuego central que nunca se apaga y se utiliza para ponerse en contacto con la deidad, son monoteístas. Junto al fuego encontramos el recinto donde guardan el ganado por las noches, que el el otro eje de su cultura. Las mujeres y niños cuidan de las propiedades familiares que son: cabras, ovejas y vacas. Sus únicas posesiones. Al tratarse de una zona árida no encontramos vegetales en su alimentación, sino únicamente carne y productos lácteos. Sus pieles son utilizadas para los taparrabos y adornos que completan su vestimenta.

El jefe del poblado es el líder espiritual y padre de familia, aquel que toma todas las decisiones. Es polígamo y cuenta con varias esposas, cada cual se construye su propia casa, con paja y excrementos del ganado.

Esta tribu está repartida entre Namibia y Angola, de nuevo una línea política divide un grupo cultural, ya que estas fueron hechas sobre la mesa de líderes europeos que se repartieron Africa como si de un pastel se tratara, sin tener en cuenta a las personas que allí vivían. Es precisamente debido al colonialismo que de una tribu que era muy numerosa, podemos encontrar ahora sólo unas 50.000 personas, el gobierno alemán colonialista se encargó de exterminar al resto.

Es realmente un espectáculo visitar a esta tribu, especialmente si nos acercamos a las cataratas Epupa en el río Kunene.

Lo primero que nos llama la atención, además de la piel rojiza, son los peinados que varían según la etapa de la vida en que se encuentran, las niñas por ejemplo llevan dos enormes trenzas. Una minoría de los niños son enviados a la escuela y por tanto aprenden de inglés, serán nuestros guías, Hablando con ellos, aprenderemos curiosidades como que los Himba no tienen cumpleaños, no saben que día nacieron, sólo si era una época de pocas o muchas lluvias, o si hubo un acontecimiento importante cercano. Tampoco tienen nombre. Cuando una Himba está embarazada se sienta bajo un árbol a esperar a que le llegue a la mente una canción, una canción única que será el signo de identidad de cada niño.

A pesar de vivir de forma tradicional, podemos encontrarles haciendo actividades como la compra en el supermercado de Kamanjab o autostop, lo cual es bastante chocante.

En mi trabajo de guía en África, tuve la oportunidad de visitar esta maravillosa tribu varias veces, no podéis imaginar hasta que punto la experiencia era absolutamente diferente dependiendo de cómo era el grupo que me acompañaba. En una de las ocasiones un cliente se quejó de que eso parecía un zoo, que las fotos eran una mierda porque no sonreían, estaban serios y no bailaban ni “hacían nada”, precisamente ese comentario es el que delata al turista como culpable de dicha interacción. Si llegas serio, y lo único que haces es sacar tu cámara, no esperes otra cosa.

 

Sin embargo en otra ocasión llegamos con un grupo maravilloso de gente optimista y alegre, decidimos juntos no sacar los móviles ni cámaras durante la primera hora, nos pusimos a hablar con ellos, cantar y bailar, realmente la fiesta que armamos fue inolvidable. Incluso nos atrevimos a adentrarnos en las casas y untarnos con el ungüento ocre. Ninguno de nosotros olvidará ese día jamás. Recuerdo que cuando había sugerido al otro grupo lo de pintarnos como ellos, me contestaron con cara de asco que no. Como siempre sucede, es tu propio rechazo y enajenación lo que hace que tu experiencia sea superficial.


Aprende más sobre ellos en mi blog: www.silviaromeroexplorer.com

A mi me ha cambiado la perspectiva de la vida por completo pasar unos días con estos grupo tribales, y me muero de ganas de compartir con vosotros mi experiencia, que vengáis conmigo para que esto sean más que palabras. De la mano de A Friend in the Tribe queremos ayudarte a acercarte a ellos de otra manera, no sacar los móviles ni cámaras durante las primeras horas. Priorizar sobre las instantáneas: el hablar con ellos, cantar y bailar juntos – y no que ellos lo hagan para ti – Será inolvidable.

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