Londres 21:57:

Nunca has sido de esas personas de suele decir “te quiero”.

Pero hoy me has llevado al museo británico, me has animado a que me ponga al lado de una escultura y me has fotografiado, que “el arte con el arte siempre se ve bonito” has dicho. Has hecho apología de mis labios rojos porque dan color a las nubes de Londres.

Me has besado en la más en lo más alto del London Eye y has dejado que me pierda sola entre el gentío de Trafalgar Square, para que me empape del lugar. Luego has vuelto – como siempre haces – me has tapado los ojos y me has sorprendido con gofres de chocolate.

Me has cogido de la mano para obligarme a bailar delante de cientos de personas en Picadilly y has conseguido que algo nuevo se ilumine en mi sonrisa. Has puesto mi canción favorita para relajarnos en Hyde Park Y yo sabiendo que no solo te es indiferente, sino que además la aborreciste hace tiempo.

Me he sentido como una quinceañera cuando cruzando el Támesis me has curado el frío a abrazos y, creo firmemente que todos aquellos que nos estaban viendo han olvidado la seriedad por un momento. Hemos reservado en un restaurante especial y has dejado que pague yo la cuenta. Porque odio que siempre me inviten. Porque sabes que me parece una tradición obsoleta.

Me parece que voy a dejar de pedirte que me digas más a menudo que me quieres. Porque no lo dices, pero lo haces.

Y eso tiene un valor incalculable.

Categories: Diarios, cartas

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