Un vuelo que hace escala en Dubái para ver desde el escaparate el zafiro que más brilla en toda la ciudad.

Una estrella fugaz desde un tejado en Casablanca.

Perder la vergüenza bailando samba en Sao Paulo.

Despertarme en Las Vegas y no sentirme culpable por no recordar la noche anterior.

Una boda en la playa de Cadaqués.

Para luego fundirme en la arena de Santo Domingo

O vivir una despedida en un embarcadero de Carolina del Sur.

Formar parte de los contrastes de El Cairo

O vivir mi propio cuento medieval en un castillo empedrado de Praga.

Llegar a San Francisco, y perder el vértigo cruzando corriendo el Golden Gate.

Pedirle a Zúrich que me enseñe a ser puntual.

No tener miedo a que nadie me guíe en Alejandría.

Olvidar en Viena.

Soñar en Copenhague.

Amanecer con las luces de Oporto.

Hacer el amor en un coche en La Habana.

Y al día siguiente sentir la magia de Budapest.

Tomar un café y leer un libro en una terraza de Buenos Aires.

Beber cerveza para olvidar el frío de Berlín.

Pero cambiar el método y fundirte a abrazos en San Petersburgo.

Tener un amor de verano en Venecia.

Pintar en lienzo en una buhardilla bohemia de París.

Perderme a propósito en el metro de Londres.

Bajarme yo misma la luna en un atardecer de Estambul.

O subir al punto más alto de Nueva York y sentir más pequeños mis problemas.

No volver a esconder nunca más mi sonrisa después de ver todas las que habitan en la antigua Ceilán.

Decidir sobre mi destino a orillas del río Ganges, después de haber encontrado mis raíces en Jaipur.

Averiguar qué hay más allá del cabo de Finisterre.

Aprender a perdonar en Santiago.

Encontrar a alguien que me cuente la historia de amor más bonita de Medellín.

Ser partícipe de la resaca que se siente en Ibiza.

Preguntar por mi futuro a todos los dioses de Delhi.

Ser Ana Frank por un día en Ámsterdam.

Sanar mis heridas del pasado en Bali.

Desayunar lo prohibido en una plaza de Roma.

Concienciar a los demás sobre el protocolo de Kioto después de haberlo visitado.

Llorar de emoción ante la belleza de Petra.

Naufragar en Bangkok pero siempre con la sonrisa a cuestas.

Beber chocolate caliente en Oslo.

Un beso inocente por las calles de Lisboa.

O perder la brújula en una expedición por Katmandú.

O el casco antiguo de mi Valencia querida.

El modernismo de Barcelona tal y como lo cuenta Ruíz Zafón.

Sentir la energía de Lima.

Cruzar la línea de la pasión en Maldivas.

Dejar la culpa atrás en Seúl.

Reencontrarme en Madrid.

Perder el norte en Melbourne.

Empezar a escribir mi propia historia sin miedo al qué dirán en Luisiana.

Florecer con Honolulu.

Un paseo en barca hasta la ópera de Sídney.

Una casa sureña en Costa de Marfil, con un puro en la mano.

Sentirme pequeña al lado de los rascacielos de Shanghái.

Y por qué no,

Reír, llorar, temer y amar allá donde siempre están mis raíces.

Categories: Diarios, cartas

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