Silvia Romero es una joven española de  32 años, licenciada en Historia, que lleva media vida viajando por el mundo. En busca de un punto en común entre todos los seres humanos, se ha dedicado siempre al estudio de las distintas culturas. Su enorme curiosidad por la raza humana y su relación con la naturaleza, le ha llevado hasta los rincones más inexplorados del planeta para convivir con tribus primitivas.


Silvia Romero ha sido guía de viajes de aventura en Cuba, Irán, Namibia, Botswana, Indonesia, Mongolia, Zimbabwe y Marruecos. Actualmente trabaja como periodista de viajes, escribiendo artículos y compartiendo vídeos y fotos de las familias con las que convive. Además, forma parte también de ese gran medio audiovisual tradicional que es la radio, participando como embajadora del programa de Radio Marca Paralelo20.

Todo ello sin parar de viajar. Cada año organiza una expedición irrepetible con un grupo reducido a un punto distinto del planeta, a través de www.afriendinthecity.com, una empresa que creó ella misma hace 7 años para mostrar nuestro país a los extranjeros de una forma diferente y única, se especializó en tours personalizados y adaptados a aquellos que tienen pueden experimentar un mayor choque cultural a su lado: judíos, musulmanes, o hindúes. A friend in the city ha ido creciendo desde entonces hasta ser a día de hoy un gran equipo que puede enseñarte lo mejor de cada recoveco de España.
Se considera una soñadora, y su sueño es cambiar nuestra forma de viajar convirtiéndolo en una experiencia transformadora que, lejos de sacar la foto perfecta, nos acerque a la felicidad.
«De todos mis viajes alrededor del mundo, a más de cien países a lo largo de 16 años, si algo me ha cambiado por completo ha sido el contacto con las tribus. En mi trabajo como Tour Manager o como guía de safaris en África y viajes de aventura en los cinco continentes, ellos han sido siempre mi parte favorita.»

«En el mundo que llamamos desarrollado andamos todo el día estresados corriendo hacia objetivos económicos y sociales que nunca alcanzamos porque cuando llegamos subimos la meta, es una carrera agotadora. Hemos hecho de la vida algo sufrido y complicado, incluso lo hemos hecho de la maternidad.
Estos grupos primitivos tienen muchísimo que enseñarnos sobre la felicidad.
Debemos acercarnos a ellos con el profundo respeto que merecen: Saben muy bien lo que realmente importa, y atesoran la sabiduría del instinto. No se venden a lo material, ni aunque lo conozcan de cerca. Se ríen de nuestras prisas, de nuestra facilidad parar perder los nervios por cosas banales y nuestra obsesión con los teléfonos móviles.
Sin duda han marcado de forma decisiva mi maternidad. Son mis maestros de vida.
Mi hija y yo recorremos el mundo en busca de los pocos rincones auténticos que quedan en él.
Ellos son mucho más que una foto exótica.»
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