África querida:

África querida, te veo reflejada en todos los espejos.

Veo un poco de ti en toda la gente rica en espíritu.

La vida que habita en tus horizontes contagia a todo aquel que te visita.

Muchos te llaman el continente olvidado pero siempre ha habitado una parte de ti en mi alma.

Sé que odias la muerte pero forma parte de tu rutina.

Yo siempre he vivido entre bastidores,

sin salir a escena, dando tumbos, perdida.

Hasta que te toqué e imprimiste los surcos de tu mano en la mía.

E hiciste que me olvidase de todos los conflictos

Que me conducían a callejones sin salida.

¿Por qué no puedes hacer lo mismo con los tuyos?

¿Acaso no te dejan? ¿Acaso no te ayudan? ¿Qué se llevó los sueños de tus niños? ¿Qué irrumpió con la alegría obligada?

Cerraron el baúl de tu infancia con candado y tiraron la llave al mar.

Te quitaron la llave de tus propios recursos.

Y la inocencia sigue vagando por la oficina de objetos perdidos.

Pero desde que supe que en ti cada día cuenta, decidí bailar contigo, acompañarte en cada paso hacia delante,

tú decidiste seguirme en el baile y ofrecerme la vitalidad que te caracteriza, para reavivar cada uno de mis latidos.

Y yo, que no pude decidir no luchar por ti,

no me he ido desde entonces de tu lado.

Y solo espero el día

en el que pueda despertarme, llamarte por teléfono y contarte,

que las ramas de aquel árbol crecen mirando hacia un futuro mejor.

Y al fondo el sol se pone,

al unísono de un canto tribal.

Al unísono de sonrisas que iluminan pieles de canela.

Bailemos juntas.

Y celebremos que la sequía forma parte del pasado.

Que lo más agresivo que te sucede, son tus atardeceres anaranjados.

Y que hoy ha llegado a nuestros oídos este titular:

“En el ombligo de África no hay espacio para conflictos, pues la última lluvia llenó todo de flores”.

Categories: África

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